El 20 de noviembre de 2025 marcará el quincuagésimo aniversario de la muerte de Francisco Franco, un evento que ha suscitado un debate constante en la sociedad española. A pesar de que han pasado cinco décadas desde su fallecimiento, su figura sigue generando controversia y ocupando un lugar destacado en la agenda política. Este fenómeno no es simplemente un eco de la nostalgia, sino que responde a una estrategia política que busca desviar la atención de los problemas contemporáneos que afectan a millones de españoles. La exhumación de Franco, la eliminación de estatuas y la reescritura de la historia son acciones que, lejos de ser ejercicios de memoria histórica, se convierten en herramientas para la supervivencia política de un gobierno que parece más interesado en revivir fantasmas del pasado que en abordar los desafíos del presente.
La obsesión por Franco contrasta con la realidad actual de España, que enfrenta problemas graves como la crisis de vivienda, la inflación, el desempleo y la deuda pública. En 1975, el país experimentó un auge en la construcción de viviendas, con más de 374,000 unidades construidas en un solo año. Hoy, la situación es alarmante, ya que las cifras de construcción no se acercan a esos niveles, dejando a una generación atrapada en alquileres prohibitivos y con dificultades para emanciparse. La precariedad laboral también es un tema candente; mientras que en la última etapa del franquismo la tasa de desempleo era inferior al 2%, en la actualidad España lidera las tasas de desempleo en la Unión Europea, cerrando 2024 con un 10.61% según la Encuesta de Población Activa (EPA).
La economía española, que en el pasado se benefició de un desarrollo acelerado y una modernización constante, hoy enfrenta desafíos significativos. La dependencia del turismo estacional y los altos costos energéticos han puesto en jaque a familias y empresas. La inmigración, que durante gran parte del siglo XX fue un fenómeno marginal, se ha convertido en un desafío estructural que requiere políticas claras de integración y regulación. La falta de una estrategia efectiva ha llevado a un aumento de la criminalidad y una sensación generalizada de inseguridad entre los ciudadanos.
La cuestión de la deuda pública es quizás uno de los aspectos más preocupantes. En 1975, España tenía una deuda pública externa prácticamente inexistente. Sin embargo, en 2025, la deuda supera el 110% del PIB, lo que condiciona cualquier política económica futura. Esta situación no solo compromete el futuro de varias generaciones, sino que también refleja un cambio drástico en la gestión económica del país.
En el ámbito social, el poder adquisitivo se ha erosionado de manera alarmante. Muchas familias se ven obligadas a prescindir de alimentos básicos como el pescado o la carne debido a la falta de recursos. La situación se agrava con el aumento de los precios de servicios esenciales como la electricidad, el agua y el gas, que han alcanzado niveles históricos. La sanidad pública, por su parte, enfrenta un colapso en la atención, con citas para especialistas que se programan con meses de antelación.
La narrativa política actual parece centrarse en revivir el pasado en lugar de abordar las necesidades urgentes del presente. Mientras el gobierno se aferra a la figura de Franco como un recurso retórico, los ciudadanos luchan por llegar a fin de mes. La desconexión entre la política y la realidad cotidiana es evidente, y muchos se preguntan si es demasiado pedir a los gobernantes que miren hacia el futuro en lugar de hacia una tumba.
La historia de Franco pertenece a los libros y a los archivos, y su figura debería ser objeto de estudio académico. Sin embargo, los españoles viven en un presente lleno de desafíos que requieren atención y acción. La inflación, el desempleo, la deuda, la inmigración descontrolada y la falta de acceso a servicios básicos son problemas que no se resolverán con discursos sobre el pasado. Es fundamental que los líderes políticos comprendan que su responsabilidad es gobernar para el presente y el futuro, no para un pasado que ya no existe.
La necesidad de políticas reales y de un liderazgo responsable es más urgente que nunca. Los ciudadanos merecen un gobierno que se enfoque en sus necesidades y que trabaje para mejorar su calidad de vida. La historia ya está escrita, pero el presente y el futuro están en manos de quienes tienen el poder de cambiar las cosas. Es hora de que los gobernantes dejen de lado la nostalgia y se enfrenten a los problemas que realmente importan a la sociedad española.
