El 11 de marzo de 2026, España conmemora el vigésimo segundo aniversario de uno de los atentados más devastadores en su historia, el 11-M, que dejó un saldo trágico de casi 200 vidas perdidas y más de 2,000 heridos. Este año, la conmemoración ha estado marcada por un intenso debate político sobre la guerra y la memoria histórica, en un contexto donde las tensiones internacionales, especialmente en Oriente Medio, han resurgido con fuerza. La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, y el alcalde de la capital, José Luis Martínez-Almeida, han liderado un homenaje a las víctimas, pero el evento ha sido también un escenario para la confrontación política.
La reciente escalada bélica en Oriente Medio ha reavivado el lema ‘no a la guerra‘, que ha sido utilizado por el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, como un mensaje de paz y respeto a la legalidad internacional. En su discurso, Sánchez ha enfatizado que la paz y la convivencia son las mejores armas contra el terror y la barbarie, distanciándose de las decisiones tomadas en el pasado, como la invasión de Irak en 2003, que, según algunos, ha tenido consecuencias directas en la seguridad nacional de España.
### La Memoria de las Víctimas y el Debate Político
El acto de conmemoración ha sido un espacio donde las voces de las víctimas han reclamado que el 11-M no se convierta en un arma arrojadiza en el debate político. Matilde Atarés, vicepresidenta de la Asociación Riojana de Víctimas del Terrorismo, ha instado a que el recuerdo de los atentados sea un «espacio de encuentro» y no un motivo de división. Su mensaje resuena en un contexto donde las diferencias ideológicas entre los partidos políticos han llevado a un uso instrumental de la memoria de las víctimas.
La vicepresidenta primera, María Jesús Montero, ha vinculado la participación española en la invasión de Irak con la oleada de inseguridad que culminó en el atentado yihadista, argumentando que las decisiones tomadas bajo la premisa de las «armas de destrucción masiva» han tenido repercusiones en la actualidad. Este enfoque ha sido criticado por el Partido Popular (PP), que ha pedido que el día de la conmemoración se centre exclusivamente en honrar a las víctimas y no en reabrir debates sobre conflictos pasados.
El expresidente José María Aznar ha defendido la necesidad de una postura activa frente a regímenes que considera terroristas, como el de Irán, argumentando que la seguridad de España está ligada a la reciprocidad entre aliados. Esta visión contrasta con la de los partidos de izquierda, que han criticado la intervención militar como una forma de perpetuar ciclos de violencia y desestabilización.
### La Reacción de la Sociedad y el Futuro de la Política Exterior
La jornada del 11-M ha sido también un momento para reflexionar sobre el futuro de la política exterior española. La secretaria general de Podemos, Ione Belarra, ha advertido sobre los peligros de repetir la historia, haciendo un llamado a evitar guerras motivadas por intereses económicos, como el petróleo. Desde Sumar, se ha reiterado la consigna del ‘No a la guerra’, enfatizando que recordar el pasado implica también aprender de él para no repetir los mismos errores.
El PP, por su parte, ha insistido en que el día debe ser un homenaje a las víctimas, pidiendo «memoria, dignidad y justicia». El líder del partido, Alberto Núñez Feijóo, ha subrayado la importancia de estar al lado de las víctimas, mientras que Almeida ha apelado al deber moral de recordar a quienes perdieron la vida en el atentado.
La Casa Real ha mantenido un tono de unidad institucional, recordando que el compromiso con la memoria de las víctimas es un deber colectivo que trasciende las diferencias políticas. En este sentido, el acto de homenaje ha sido un recordatorio de que, a pesar de las divisiones, el recuerdo de los atentados debe servir para unir a la sociedad en torno a valores de paz y convivencia.
En medio de este contexto, las víctimas han pedido que su memoria no sea utilizada para fines políticos, sino que se convierta en un principio que guíe la política exterior y la respuesta del Estado ante el terrorismo. La necesidad de justicia y verdad ha sido un tema recurrente en las intervenciones de los representantes de las víctimas, quienes han solicitado que su dignidad no sea condicionada por intereses políticos.
El 11-M sigue siendo un recordatorio doloroso de las consecuencias del terrorismo y de la importancia de la memoria colectiva. A medida que España enfrenta nuevos desafíos en el ámbito internacional, la forma en que se recuerda y se honra a las víctimas puede influir en la dirección que tome la política exterior del país. La conmemoración de este año ha puesto de manifiesto que, aunque el dolor persiste, también hay un fuerte deseo de aprender del pasado para construir un futuro más pacífico y justo.
