En un mundo donde la educación se asocia comúnmente con la juventud, la historia de Manolo Montes desafía todas las expectativas. A sus 80 años, este estudiante de la Universidad de Málaga no solo ha decidido continuar su formación académica, sino que también se ha convertido en un símbolo de la lucha contra el edadismo y la idea de que aprender tiene una fecha de caducidad. Su historia es un testimonio de que la curiosidad y el deseo de aprender no conocen límites de edad.
La trayectoria académica de Manolo es impresionante. Desde su juventud, ha estado inmerso en el mundo del aprendizaje. Comenzó su formación como perito mercantil a los 14 años y, a los 18, ya impartía clases. Su primer contacto con la universidad fue en 1965, cuando formó parte de la primera promoción de la Universidad de Málaga en la carrera de Económicas. Después de una exitosa carrera en el comercio textil, la vida le presentó un desafío inesperado: una caída que lo obligó a jubilarse anticipadamente a los 60 años. Sin embargo, lejos de ver esto como un final, Manolo lo consideró un nuevo comienzo.
### La Decisión de Volver a Estudiar
La jubilación no fue un momento de descanso para Manolo, sino un impulso para explorar nuevas oportunidades. Con una mente inquieta y un deseo de mantenerse activo, decidió matricularse en Periodismo. En solo dos años, completó su segundo grado, lo que le permitió adentrarse en el mundo de la escritura y los medios de comunicación. Manolo recuerda con nostalgia su experiencia en el periodismo, donde trabajó en diversos medios y participó en tertulias, lo que le permitió mantenerse conectado con la actualidad y compartir su perspectiva única.
Sin embargo, el aburrimiento volvió a acecharlo. A los 78 años, sintió que necesitaba un nuevo reto y se inscribió en el Grado de Historia. Su interés por Al-Ándalus y la historia de Andalucía lo motivaron a seguir adelante. Ahora, en su tercer año de estudios, Manolo se enfrenta a un desafío mayor: la dificultad de retener información y la carga de los exámenes. A pesar de esto, su motivación no se basa en obtener un título, sino en el deseo de seguir aprendiendo y enriqueciéndose intelectualmente.
La experiencia de Manolo en la universidad es un ejemplo de cómo la educación puede ser un espacio inclusivo, donde la edad no es un obstáculo. En el aula, se siente como uno más entre sus compañeros, muchos de los cuales podrían ser sus nietos. Su rechazo a cualquier trato condescendiente es un claro reflejo de su carácter. Manolo no busca ser tratado de manera diferente; simplemente quiere ser visto como un estudiante más, con la misma pasión por el aprendizaje que sus compañeros más jóvenes.
### La Relación con sus Compañeros
La interacción de Manolo con sus compañeros es una de las partes más enriquecedoras de su experiencia universitaria. A pesar de la diferencia de edad, ha formado lazos significativos con estudiantes de 20 años, creando un grupo al que cariñosamente llaman los ‘Cuatro Jinetes del Apocalipsis’. Esta relación no solo le brinda apoyo académico, sino que también le permite compartir su sabiduría y experiencia de vida. Manolo se convierte en un mentor para sus compañeros, quienes a menudo le piden consejos sobre la vida y las relaciones.
La dinámica en el aula es un recordatorio de que el aprendizaje es un proceso bidireccional. Manolo no solo recibe conocimientos de sus profesores, sino que también comparte sus vivencias y perspectivas históricas, enriqueciendo así la experiencia educativa de todos. Su sentido del humor y su disposición para bromear crean un ambiente ameno y relajado, donde la edad se convierte en un aspecto irrelevante.
Sin embargo, la vida de un estudiante de 80 años no está exenta de desafíos. La digitalización de la educación ha presentado un nuevo conjunto de obstáculos para Manolo. Aunque utiliza la tecnología con cierta habilidad, las herramientas digitales y el campus virtual le resultan complicados. A menudo prefiere el método tradicional de papel y bolígrafo, lo que refleja su formación en una época diferente. Esta adaptación a las nuevas tecnologías es un recordatorio de que el aprendizaje no solo se trata de adquirir conocimientos, sino también de adaptarse a un mundo en constante cambio.
En su hogar, la familia de Manolo tiene sentimientos encontrados sobre su decisión de volver a estudiar. Aunque valoran su deseo de mantenerse activo y comprometido, a veces no comprenden por qué pasa tantas horas encerrado en casa preparando exámenes. Manolo, por su parte, reconoce que a su edad, los exámenes pueden ser un desafío, y a menudo siente que su memoria no es la misma que la de un joven de 20 años. Sin embargo, su actitud positiva y su determinación son inspiradoras. Para él, el esfuerzo vale la pena, y su lema es claro: «Sarna con gusto no pica».
La historia de Manolo Montes es un poderoso recordatorio de que nunca es tarde para aprender y que la curiosidad intelectual puede ser un motor vital en cualquier etapa de la vida. Su viaje académico no solo desafía las nociones preconcebidas sobre la educación y la edad, sino que también resalta la importancia de las relaciones interpersonales y el aprendizaje colaborativo. En un mundo que a menudo subestima a las personas mayores, Manolo se erige como un ejemplo de que la pasión por el conocimiento y la búsqueda de nuevas experiencias son cualidades que trascienden la edad. Su vida es un testimonio de que el aprendizaje es un viaje continuo, y que cada día ofrece la oportunidad de descubrir algo nuevo.
