La reciente feria de Cuenca ha dejado una huella imborrable en la memoria de los aficionados al toreo, a pesar de la notable ausencia de dos figuras emblemáticas: Morante de la Puebla y Roca Rey. El evento, celebrado el 26 de agosto de 2025, se convirtió en una celebración del arte taurino, destacando la habilidad y el talento de otros toreros que supieron llenar el vacío dejado por estas estrellas. La plaza de toros, casi llena, fue testigo de una tarde que prometía emociones y que, sin duda, cumplió con creces.
La jornada comenzó con la presentación de la feria por parte de Maximino Pérez, quien generó expectativas entre los asistentes. Sin embargo, la atención se centró rápidamente en los toreros que sí estaban presentes. Fernando Adrián, Pablo Aguado y Daniel Luque se convirtieron en los protagonistas de una tarde que sería recordada por sus actuaciones sobresalientes. A pesar de que muchos se preguntaban por la falta de Morante y Roca Rey, la realidad es que la plaza vibró con la entrega y el arte de los toreros que se presentaron.
### Actuaciones Destacadas
Fernando Adrián fue el primero en dejar su marca en la tarde. Su actuación con el segundo toro, un ejemplar de Román Sorando, fue digna de aplauso. Con un inicio espectacular, comenzó su faena de rodillas, mostrando un dominio impresionante desde el primer momento. Los muletazos largos y la técnica depurada de Adrián cautivaron al público, que rápidamente se entregó a su arte. La estocada casi entera que ejecutó al final de su faena le valió dos orejas, un reconocimiento a su destreza y a la conexión que logró establecer con los tendidos.
Pero lo mejor estaba por llegar. Frente al quinto toro, Fernando Adrián deslumbró a todos con una faena que llevó al público a pedir el indulto del animal. La clase y la nobleza del toro, combinado con la maestría de Adrián, crearon un espectáculo que culminó en un clamor unánime por parte de los aficionados. El presidente de la plaza, ante la presión del público, no tuvo más remedio que conceder el indulto, lo que desató una ovación ensordecedora. La tarde se convirtió en una fiesta en honor al toreo, y el nombre de Fernando Adrián resonó con fuerza en Cuenca.
Pablo Aguado no se quedó atrás. Su actuación fue igualmente impresionante, especialmente con el sexto toro, que mostró una gran clase. Aguado, con su estilo característico, logró conectar con el público desde el inicio. Su faena, llena de naturalidad y elegancia, fue un verdadero homenaje al arte del toreo. La estocada final fue la guinda del pastel, y el reconocimiento del público se tradujo en dos orejas, un premio merecido por su entrega y habilidad.
Daniel Luque, aunque tuvo un inicio más complicado, también logró destacar. Su faena con el tercer toro, que resultó ser un animal manso, fue un desafío que supo afrontar con valentía. A pesar de las dificultades, Luque mostró su capacidad para adaptarse y conectar con el público. Su actuación culminó con una estocada que le valió dos orejas, un reconocimiento a su esfuerzo y dedicación.
### La Plaza de Toros: Un Escenario de Emociones
La plaza de toros de Cuenca se convirtió en un escenario de emociones intensas. La afición, que había llegado con la expectativa de ver a Morante y Roca Rey, se encontró con un espectáculo que superó sus expectativas. La calidad de los toros de Román Sorando, bien presentados y con hechuras armónicas, contribuyó a que la tarde fuera un éxito rotundo. A pesar de la ausencia de los dos toreros más esperados, la calidad de la corrida y la entrega de los toreros presentes hicieron que el público olvidara rápidamente sus ausencias.
La atmósfera en la plaza era electrizante. Los gritos de ‘¡torero, torero!’ resonaban en cada rincón, y la pasión por el toreo se palpaba en el aire. Cada muletazo, cada pase, era recibido con vítores y aplausos, creando una conexión única entre los toreros y el público. La tarde culminó con los tres toreros y el mayoral saliendo en hombros, un reconocimiento a su valentía y destreza en el ruedo.
La feria de Cuenca de 2025 se recordará no solo por la ausencia de Morante y Roca Rey, sino por la demostración de que el arte del toreo sigue vivo y vibrante, capaz de sorprender y emocionar a los aficionados. La plaza de Cuenca se convirtió en un símbolo de la grandeza del toreo, donde la pasión y el arte se entrelazan para crear momentos inolvidables.